La Sala de la Fedac se convierte en centro locero en vivo con ajeros, vasijas y jarros de ordeño

La Sala de la Fedac se convierte en centro locero en vivo con ajeros, vasijas y jarros de ordeño

La Sala de la Fedac se convierte en centro locero en vivo con ajeros, vasijas y jarros de ordeño

  • El artesano Rubén Auyanet ocupa con su bruñidora el espacio de venta y exposición del Cabildo de Gran Canaria
  • Procede de Santa Brígida, el núcleo alfarero del siglo XIX más visitado y fotografiado de Canarias
  • La Institución apuesta por la supervivencia de los nobles y ancestrales oficios con la rotación de artesanos en La Sala

Las Palmas de Gran Canaria, 4 de mayo de 2016.- El espacio polivalente de venta y exposición de artesanía tradicional La Sala se convierte estos días en un centro locero de la mano del alfarero Rubén Auyanet, cuyas piezas lucen ya en las estanterías de la tienda, informó la consejera de Industria, Comercio y Artesanía del Cabildo de Gran Canaria, Minerva Alonso.

La Sala de la Fundación para la Etnografía y Desarrollo de la Artesanía Canaria (Fedac), ubicada en la calle Domingo J. Navarro de la céntrica Triana, estará dirigida durante algo más de una semana por este artesano de 55 años, quien además de atender directamente al público, trabajará el barro en vivo para deleite del viandante de 9.30 a 13.30 y de 16.30 a 20 horas.

La alfarería tradicional, conocida antiguamente como el oficio del locero, es  uno de los más carismáticos y ancestrales de Gran Canaria, donde se asienta el poblado troglodita de La Atalaya de Santa Brígida, el núcleo locero del siglo XIX más visitado y fotografiado de Canarias y lugar de procedencia de Auyanet, quien aprendió el oficio de María Guerra, la alfarera más antigua de la Isla hasta su fallecimiento en enero de 2015.

 

Procedimientos ancestrales y algo más

Auyanet se emociona cuando habla de María Guerra, de quien heredó la bruñidora, el callao de playa que pasa de una generación a otra más preciado por los alfareros empleado para pulir, y la laja, superficie sobre la que trabaja el barro.

De ella aprendió la técnica tradicional de La Atalaya y algo más,  pues su enseñanza le sirvió de terapia para afrontar una parálisis que le había dejado inmóvil durante tres años, confiesa Auyanet, que actualmente está a la espera de un trasplante de hígado y de riñón y aún así sigue “trabajando el barro gracias a la fuerza de vida que me transmitió María”.

Auyanet mantiene procedimientos ancestrales basados en el urdido o levantamiento de las piezas de barro a través de la superposición de churros sin ayuda de torno y el empleo de sencillas herramientas como callaos, cañas, aros metálicos y las manos.

Este locero, que obtuvo el carné de artesano de la Fedac en 1998, realiza piezas aborígenes y sobre todo loza tradicional de La Atalaya, desde ajeros y vasijas a ollas y jarros de ordeño, aunque también elabora placas por encargo con el barro que recoge de una veta que descubrió este verano en el barrio de La Concepción, por encima de La Atalaya, para finalmente guisarlas a 800 grados en el horno.

Además de trabajar el barro, Auyanet transmite sus conocimientos y destreza a un pequeño grupo formado por cinco jóvenes aprendices que confían en obtener el carné de artesano y dedicarse a uno de los oficios más antiguos de Gran Canaria.



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